KILIMANJARO: 5.895 METROS DE SUPERACIÓN, CORAJE Y HUMANIDAD

Primera expedición de Outlier Sport en África | Tanzania | 13–18 de octubre de 2026 KILIMANJARO: 5.895 METROS DE SUPERACIÓN, CORAJE Y HUMANIDAD Por Paola Jorgelina Ozán — Alpinista y presidenta de Outlier Sport “La montaña no se conquista. La montaña te enfrenta con vos mismo. Y a veces, llegar a la cima es apenas una pequeña parte de la verdadera victoria.” El 17 de octubre de 2026, a las 07:46 de la mañana, Angelo Lisanti y yo alcanzamos Uhuru Peak, el punto más alto del Kilimanjaro, a 5.895 metros sobre el nivel del mar. Habíamos llegado al techo de África. Uhuru significa libertad en suajili. Y pocas palabras podrían representar mejor lo que sentimos al llegar hasta allí. Pero detrás de aquella fotografía de cumbre había mucho más que seis días de trekking. Había vómitos, frío, mareos, lágrimas, risas, miedo, determinación y un equipo humano extraordinario. Había momentos en los que quisimos abandonar. Y otros en los que descubrimos que éramos capaces de mucho más de lo que imaginábamos. Esta fue la primera expedición de Outlier Sport en África. La primera de muchas. Y aunque el Kilimanjaro nos regaló una cumbre, lo verdaderamente inolvidable fue todo lo que vivimos para alcanzarla. “Ah, pero el Kilimanjaro es fácil…” Antes de viajar, escuchamos más de una vez comentarios que intentaban quitarle importancia a nuestro desafío. “Ahhh, pero el Kilimanjaro es fácil”. Como si una montaña pudiera medirse únicamente por su dificultad técnica. Es cierto que la ruta Machame no requiere las mismas técnicas de escalada que otras grandes montañas. Pero eso no significa que sea fácil. La altitud no entiende de opiniones. El frío no distingue entre principiantes y expertos. El cansancio no pregunta cuántas cumbres llevás acumuladas. Y a casi 6.000 metros, hasta el gesto más sencillo puede convertirse en un enorme esfuerzo. Jamás hay que subestimar una montaña. Mucho menos cuando la altitud entra en juego. Seis días, una montaña y un mundo de emociones Nuestra aventura comenzó el 13 de octubre, cuando ingresamos al Parque Nacional del Kilimanjaro por Machame Gate, aproximadamente a 1.800 metros. Por delante teníamos seis días de expedición, atravesando bosques tropicales, paisajes volcánicos, paredes rocosas y terrenos de alta montaña. La ruta Machame nos llevó por Machame Camp, Shira Cave, Lava Tower, Barranco Camp, Karanga Camp y Barafu Camp, antes de nuestro ataque final a Uhuru Peak. Cada día tenía su propio desafío. Hubo jornadas en las que caminábamos por la mañana, nos deteníamos a almorzar y volvíamos a ponernos en marcha. Otras incluyeron pequeñas caminatas adicionales para favorecer nuestra aclimatación. El paisaje cambiaba constantemente, pero había algo que se mantenía: el ritmo perfecto que marcaban nuestros guías. Pole pole. Despacio, despacio. Ni demasiado rápido, ni demasiado lento. En la montaña, saber avanzar es tan importante como saber detenerse. Durante esos seis días recorrimos aproximadamente 66 kilómetros, con más de 5.400 metros de ascenso acumulado registrados entre la ruta principal y las caminatas adicionales de aclimatación. Pero los números solamente cuentan una parte de la historia.   Ser mujer en la montaña: la parte que casi nadie cuenta Voy a contar algo que probablemente no aparezca en muchas publicaciones de cumbre. El mismo día que comenzamos el trekking, me llegó la menstruación. Y como si el Kilimanjaro quisiera ponerme a prueba un poquito más, durante el cuarto día y la jornada de cumbre los síntomas se intensificaron. Ahora imaginá la situación. Estás a miles de metros de altura, con frío, cansancio, poca comodidad y un objetivo enorme por delante. Y además tenés que resolver algo tan cotidiano como cambiarte una copa menstrual. ¿Dónde? En una letrina en medio del bosque. Intentar agacharte, mantener el equilibrio, manipular la copa en condiciones poco higiénicas y rezar para que no se te caiga dentro de aquel agujero espantoso es una aventura dentro de la aventura. ¡Y mientras tanto, pensando que no te pique algún mosquito! Aunque debo reconocer algo: estos espacios existen por una razón importante, para reducir la contaminación y proteger el entorno natural. Pero eso no los convierte en lugares cómodos, especialmente para las mujeres. Hubo momentos en los que lloré. No solamente por el cansancio o el malestar físico, sino por esa sensación de incomprensión que todavía existe en el mundo de la montaña y del alpinismo. Porque muchas veces las mujeres debemos resolver situaciones que otros ni siquiera imaginan, mientras seguimos caminando, sonriendo y aparentando que todo está perfectamente bien. Y es que nadie puede comprender completamente ciertas experiencias si nunca ha tenido que atravesarlas. No se trata de pedir privilegios. Se trata de visibilizar realidades que durante demasiado tiempo quedaron fuera de las conversaciones sobre el deporte, la aventura y el alto rendimiento. La igualdad en la montaña no consiste en fingir que todos vivimos las mismas dificultades. Consiste en reconocerlas, comprenderlas y generar las condiciones para que nadie tenga que enfrentarlas en soledad. Y sí, hice cumbre menstruando. No porque quisiera demostrar que soy más fuerte que nadie. Sino porque, incluso en aquellas circunstancias, seguía teniendo un sueño que quería cumplir.   Angelo: del miedo a una determinación que me dejó sin palabras Angelo llegó a esta expedición sin dimensionar completamente lo que le esperaba. Y quizás yo tenga algo de responsabilidad en eso. Bueno… bastante. ¡Prácticamente lo traje obligado! 😂 Durante el paso por Barranco Wall, uno de los sectores más expuestos de nuestra ruta, lo observaba avanzar y se me helaba la sangre. No solamente por la dificultad del terreno. Sino porque, mientras él enfrentaba cada obstáculo concentrado en el siguiente paso, yo no podía dejar de pensar: “Yo lo traje hasta acá. ¿Y si le pasa algo?” Quienes tenemos experiencia en montaña sabemos que una pequeña decisión puede tener consecuencias enormes. Angelo iba descubriendo ese mundo día tras día. Y yo iba descubriendo algo de él que todavía no conocía. Su capacidad de resistir. Su coraje. Su voluntad. Antes del ataque a cumbre, su oxigenación ya mostraba dificultades. Y durante la salida hacia la cima vomitó cuatro

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